No me importa que la haga temblar el número 13 o que nunca vista de amarillo. Que evite pasar por debajo de las escaleras, que tenga que empezar el día con el pie derecho o que compre el periódico del día anterior para comprobar si su horóscopo había acertado. No me importa porque todas las mañanas se mete en mi cama y me despierta con un beso. Un detalle muy dulce exento de supersticiones. Y es que Ela es mi amuleto de la suerte...
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